Según datos de la Organización Mundial de la Salud a nivel global, los accidentes por mordeduras de víboras venenosas alcanzan casi los seis millones por año, y cerca del 50 % son graves: pueden dejar secuelas o discapacidades permanentes o resultar mortales si no se aplica en tiempo y forma el antídoto específico. Por ello, un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Luján trabaja en el desarrollo de nanovenenos, como estrategia para mejorar la producción de los antídotos, informó la Agencia CTyS-UNLaM.

El proceso clásico de elaboración necesita un trabajo previo de inmunización de caballo, que cada 15 días reciben pequeñas dosis de veneno hasta que producen anticuerpos; estos se extraen de su sangre y se pueden usar en humanos. Pero tiene su complicaciones,

A los caballos se les inyecta una solución con el veneno de la serpiente y adyuvantes (una mezcla de aceites y una bacteria inactivada) para el sistema inmune responda mejor y produzca más anticuerpos. “Pero los adyuvantes generan daños en el animal -explicó Federico Baudou, doctor en Ciencias Biológicas y becario post doctoral del Conicet en el Laboratorio de Inmunología de la Universidad Nacional de Luján- No viven más de la mitad de su vida, con muchas heridas, inflamación y dolor en la zona de aplicación”.

“Pero con nanotecnología, se busca sustituir los adyuvantes comunes; así evitamos el daño en el animal, y a la vez obtenemos más anticuerpos, al tiempo que aumentamos la disponibilidad y la eficiencia en la fabricación del sueros antiofídicos”, agregó.

¿Exportar tecnología?

Con ese fin usaron nanopartículas de silicio sólidas, “que tiene propiedades muy similares a las del carbono, pero baja toxicidad, es fácil de sintetizar y no es tan costoso”, explicó.

“Una vez que el animal generó la máxima cantidad de anticuerpos posibles, se le extrae sangre y se separa el suero para aislar los anticuerpos contra las enzimas y las toxinas del veneno”, añadió y destacó que, si bien hoy la investigación se realiza para tratar mordeduras de serpientes de cascabel del Sur (Crotalus durissus terrificus), muy presentes en Argentina, el desarrollo servirá para especies como yararás y corales (géneros Bothrops y Micrurus, respectivamente), lo que resultan de interés para muchos países en los que se registran altas tasas de mortalidad por envenenamiento.